Capítulo 3 – La primera vuelta al mundo

Un hecho trascendental, el de un viaje de 37 meses, contribuyó al esplendor de la Sevilla de aquellos siglos. Abrió la senda infinita de la mar. Pero esta vez de toda la mar. Porque el río de Sevilla fue el origen y el final de una de las mayores gestas marineras de la historia, extraordinaria si consideramos que tuvo lugar en el siglo XVI. Tres años de viaje, 75.000 kilómetros navegados, iniciada con toda la ilusión con cinco naves por Magallanes, y concluida con harapos, y en el límite de la resistencia con una sola nao, por Elcano.

Fernando de Magallanes, también conocido como Hernando, o en portugués Fernão de Magalhães, nació en Sabrosa, Oporto, Portugal, en la primavera de 1480, y murió en Mactán, Filipinas, el 27 de abril de 1521.

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Fue un militar, explorador, y navegante portugués de linaje noble. Era hijo de Rui de Magalhães y de Inês Vaz Moutinho. Su esposa fue Beatriz de Barbosa, la hija de uno de sus mejores amigos en Sevilla, el teniente de alcaide de los reales lugares, el Alcázar y las Atarazanas. Tuvieron dos hijos, y ambos fallecieron antes de cumplir un año.

Llegó a Sevilla con Rui Faleiro y encontró en Juan de Aranda, el factor de la Casa de Contratación sevillana, un aliado importante para su proyecto: dar a España la posibilidad de llegar a las Molucas por occidente, sin atravesar mares reservados a los portugueses por el Tratado de Tordesillas y, según Faleiro, probar que las islas de la Especiería se encontraban en el hemisferio castellano. Consiguieron la aprobación del rey Carlos I con la ayuda e influencias en la corte del obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca.

En marzo de 1518 el Rey nombra capitanes generales a Magallanes y Faleiro. encargándoles la búsqueda de las islas de la Especiería, y en julio los nombra comendadores de la Orden de Santiago, otorgándoles grandes privilegios.

Aparejaron cinco navíos con una tripulación de 244 persona, formada por la oficialidad de los barcos, los marineros y los grumetes, los frailes y los novicios, los esclavos, los pajes, los criados, cocineros, los especialistas, artilleros, carpinteros y calafateadores, los soldados y sus oficiales, y un geógrafo veneciano, Antonio Pigafetta, gracias al cual tenemos una crónica fiel y pormenorizada de los tres años de travesía.

Pigafetta participó en la expedición a sus propias expensas, y fue uno de los pocos que volvieron con vida a Sevilla. Por él sabemos que el adelantado y capitán general de la Armada para el descubrimiento de la Especería y comendador de la Orden de Santiago don Fernando de Magallanes, al servicio de Carlos I, partió de la orilla derecha del Río, donde estaba y sigue estando el convento de nuestra Señora de los Remedios, con una escuadra de cinco navíos, el Trinidad, el San Antonio, la nao Concepción, la nao Victoria, y la Santiago, para circunnavegar por vez primera el planeta, realizando la primera navegación desde el océano Atlántico hasta el océano Pacífico, culminando tres años después cuando una de sus naves, la Victoria, desgraciadamente sin él, regresó a Sevilla, en 1522.

En la mañana del lunes 10 de agosto de 1519 zarpó del muelle de las Mulas de Sevilla la primera de las cinco naves. No partieron juntas de Sevilla, pero sí de Sanlúcar de Barrameda. Habían previsto reunirse allí, y permanecer ancladas hasta que estuvieran todas pertrechadas y aprovisionadas. Más de un mes después de salir de Sevilla, el 20 de septiembre, zarparon por fin a mar abierta, con rumbo Sudoeste.

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Seis días después llegaron a las islas Canarias donde repusieron y cargaron provisiones. También subieron cuatro tripulantes más y se apeó uno, con lo que salieron de Tenerife 247 hombres. Pasaron Cabo Verde y durante muchos días recorrieron la costa de Guinea navegando con rumbo Sur, hasta rebasar la línea equinoccial, en que viraron al oeste. Por fin el 29 de noviembre divisaron la costa de Brasil, recalando el 13 de diciembre en la bahía Sepetiba, la siguiente a la de Guanabara, donde hoy se halla Río de Janeiro.

En enero de 1520 encontraron un gran río de agua dulce, el río de la Plata, que exploraron durante 22 días, entrando también en el río Uruguay.

Siguieron hacia el sur, por territorio desconocido. Cada bahía, cada río, cada entrante se explora y se cartografía. Aparece el frío, que les impide seguir, y en marzo llegan al puerto de San Julián, donde pasan 148 días de un durísimo invierno.

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Tuvo lugar un sangriento motín de casi toda la oficialidad, a lo que se sumó la pérdida por encallamiento de la Santiago, y la deserción de la San Antonio, que almacenaba casi todas las provisiones. Dio media vuelta y enfiló proa hacia Sevilla. Pero Magallanes siguió el curso del que parecía un enorme río, y acabó descubriendo el paso que lleva su nombre, el estrecho de Magallanes, en noviembre de 1520.

Al salir a mar abierta llegaron al que entonces era el Mar del Sur, y que a partir de ese día sería conocido como el Océano Pacífico, porque tuvieron casi tres meses de calma chicha y desesperante durante los que el océano parecía un espejo. El 17 de marzo arribaron a las islas Filipinas donde, tras inmiscuirse en las disputas locales, Magallanes murió en un combate el 27 de abril, lanceado por los indígenas.

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Elcano no asume inmediatamente el mando de la expedición tras la muerte de Magallanes. Tuvieron que soportar, antes de emprender el regreso, muchos ataques y traiciones que dejaron a los expedicionarios en condiciones muy precarias. Mientras tanto el ritmo de muertes por las enfermedades y el hambre era terrorífico.

Perdieron otra nave, la Concepción, y las dos que quedaban emprendieron el regreso, ya sí comandados por el vasco de Guetaria Juan Sebastián del Cano, o Elcano. La Trinidad y la Victoria llegaron el 8 de noviembre de 1521 a la Isla de la Especiería, a las islas Molucas, verdadero destino de la larga expedición. Cargada con especias la nao Victoria dejó las Molucas en diciembre de 1521, y en febrero de 1522 atravesó el océano Índico. La travesía se volvió terrible y las bajas eran diaria, por lo que tras doblar el Cabo de Buena Esperanza tuvieron que refugiarse en la isla de los enemigos, de los portugueses. Repostan en las islas de Cabo Verde haciéndoles creer que venían de América. Fueron bien tratados, pero cometieron el error de pagar una compra de provisiones con clavo, carísima especia que sólo podía provenir de las Molucas. La Victoria consiguió huir y poner rumbo a Sevilla, pero La Trinidad fue apresada.

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“Juan Sebastian Elcano”.

Surcaron el Atlántico hasta la Península y por fin el 6 de setiembre de 1522 dieron fondo en el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Toda la población sanluqueña se volcó en el auxilio de aquellos marineros vestidos de harapos que según las crónicas eran las personas más delgadas y demacradas que habían visto jamás. Tardaron dos días más en remontar el Guadalquivir, y, por fin, el 8 de septiembre desembarcaron en el muelle de las Mulas, de donde habían salido, 18 hombres de los 244 que partieron 3 años y 28 días antes.

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Habían dado toda la vuelta a la Tierra por primera vez, navegando siempre desde el este hacia el oeste. Y habiendo vivido un hito en la historia universal y de la navegación, una de las más grandes aventuras emprendidas por el hombre.

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