Capítulo 5 – Los muelles del río

El puerto de Sevilla tiene en uso más de una docena de muelles con personalidades bien diferenciadas, y cuyos nombres normalmente hacen referencia a sus usos y finalidades, o a como se llamaban los lugares sobre los que se construyeron. Los principales son:

El muelle de las Delicias, bajo el paseo del mismo nombre, que en el siglo XIX era casi una prolongación del palacio de San Telmo, casa de los duques de Montpensier. En realidad era un primoroso paseo decimonónico ajardinado para disfrute de las duques y de su pequeña corte sevillana. Por eso la gente lo llamaba el saloncito de San Telmo. Actualmente acoge el atraque de los grandes cruceros turísticos que remontan el Río desde la mar. Los cruceristas llegan al mismo centro de la ciudad, y suelen sorprenderse al comprobar que están a la vera del parque de María Luisa, donde pueden ir caminando, o recorrer e integrarse en las rutas turísticas, o bien abordar los autobuses estacionados a escasos metros de las pasarelas de desembarque.

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El muelle de Nueva York, a continuación del de las Delicias, hacia el sur, entre los puentes de San Telmo y de Los Remedios, fue construido en 1905. Desde allí zarpaban y atracaban los buques de la Naviera Ybarra, que navegaba regularmente, con pasajeros y mercancías, a esa ciudad americana. La Naviera Ybarra se creó en 1860, llamándose entonces Compañía Vasco Andaluza. Se inauguró con el vapor que ellos mismos construyeron, el Itálica, que inició una línea regular entre Sevilla y Bonanza. A este muelle llegaba directamente un túnel desde San Telmo que conectaba directamente al muelle particular de los Montpensier. Allí era donde embarcaban en su velero y se dirigían a Sanlúcar, al palacio de verano. Después de estar abandonado y ruinoso durante décadas fue rehabilitado en 2012, y hoy es un delicioso paseo, con pérgolas vegetales, fuentes y kioscos.

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El muelle de los Camaroneros, en las actuales zapatas de la calle Betis, en Triana, donde se amarraba la influyente flota de barcazas ocupadas en la captura de los camarones y demás mariscos.

El muelle de las Mulas, bajo el convento de Los Remedios, hoy museo de Carruajes, y la plaza de Cuba, de donde partió Magallanes con cinco naves a rodear el planeta, sin saber que él no volvería. Hoy acoge instalaciones deportivas, como el Náutico, el Club Mercantil o el Labradores.

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El muelle de la Aduana, que primero fue el importante muelle del Arenal, de arenosas playas fluviales, origen primigenio del Puerto de Sevilla, hace ya tantos siglos. Ahora está bajo la Torre del Oro, y del teatro de la Maestranza, pero antes la zona, tan marinera, arrabalera, viva y peligrosa, era el alma de los muelles y la marinería de Sevilla, con las Reales Atarazanas, junto al Hospital de la Caridad, que marcaban la fisonomía y el carácter del barrio.

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En ese muelle los almohades desembarcaron las gigantescas losas chipioneras que cimentaron la Giralda, de la misma forma que después los cristianos, también desde Chipiona, bajaron de grandes barcazas las porosas pero sólidas piedras con las que se levantó el prodigio de la sede catedralicia. Hoy se usa como muelle de atraque de los pequeños barcos turísticos que pasean por la Dársena. También conectaba directamente con el edificio de la Aduana oficial del Puerto, situada en el conjunto de las Atarazanas, a continuación del Hospital de la Caridad. Hoy se conoce ese muelle como paseo Marqués de Contadero.

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El muelle de la Esclusa, donde estaba la antigua esclusa del Puerto y que ahora está integrado en las instalaciones de la Zona Franca de Sevilla, concretamente en el terreno que ocupa y explota Sevitrade.

El muelle del Centenario y el muelle del Batán, en los terrenos de la antigua explotación agrícola de la finca El Batán, sobre los que se erigió el más alto puente del Río, con el mismo nombre, y que conforman el principal núcleo del actual Puerto de Sevilla. Es una zona en la que las 24 horas y los siete días de la semana hay una actividad portuaria continua, de carga, descarga, arribo de buques, movimientos de grúas e ingenios, y avituallamiento de silos y almacenes, con las más innovadoras y modernas tecnologías. Entre ambos muelles está la dársena del Batán, que antes se llamó del Centenario. Curiosa alternancia.

El muelle de Los Gordales, importante centro de mercancías mineras, con una infraestructura ferroviaria conectada al embarcadero donde llegaban los minerales de las minas de Aznalcóllar, con cargas de hasta diez toneladas.

El muelle de la Punta del Verde, casi a las afueras, que era el primer muelle que se encontraban las naves que venían de Sanlúcar. Su importancia en la actualidad es la de tener situada en su ribera la única esclusa de España, la Nueva Esclusa del Puerto de Sevilla, Puerta del Mar, que permite la entrada en sus instalaciones de casi cualquier buque que navegue por los mares del mundo.

El muelle de Tablada, paralelo a la avenida de la Raza, que descongestionó a principio del siglo XX la actividad del de las Delicias, trasladándola a sus tinglados y almacenes regionalistas al sur de la ciudad. Hoy está en desuso en algunos tramos, y a pleno rendimiento de carga de buques en otros segmentos. Su línea ferroviaria de carga está conectada con el carril de vías de tren del puente de las Delicias.

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Y el muelle del Barranco, más allá de donde estuvo el puente de Barcas, y el de Triana después, que funcionó como principal lonja de pescado de Sevilla, por lo que también se le conoce como muelle de la Sal, debido a la ingente cantidad de tan preciado mineral que se trasegaba en ese embarcadero para la conservación del pescado.

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