Navegación complicada del velero Pros atravesando el estrecho de Magallanes

Poco antes de entrar en el Estrecho

Éste es el diario de Bitácora del velero Pros, que está dando la vuelta al mundo, en su entrada del pasado lunes. Está firmado por uno de los marineros que participan
53º 34,535’ S.
72º 24,469’W.

En el Pros, a 17 de Febrero del 2020.

La navegación en el estrecho de Magallanes es complicada. A la acción del viento, que casi nunca es la que nos gustaría, se suman las mareas y las corrientes, con frecuencia, intensas. En alguna ocasión hemos llegado a tener 6 nudos de corriente a favor y en otras nos han mantenido el barco parado a pesar de nuestros esfuerzos por avanzar.

El paisaje, espectacular. Navegamos entre laderas con vegetación y arbolado que llega hasta la orilla. Nos asombra tanto verdor tras el pardo de las estepas patagónicas. Detrás, muy cerca, cumbres nevadas. El frio va haciéndose presente.

Para acompañar nuestro asombro, de vez en cuando, por alguna de las bandas resopla una ballena. Nos lanzamos a la banda anunciada, cámaras en mano, para ver el espectáculo. Vemos, a lo lejos, el chorro de agua, el lomo, la cola… y como se sumerge. Permanecemos, atentos, a la siguiente aparición. Mientras, gaviotas, cormoranes, focas y pingüinos acompañan nuestro avance. A fuerza de familiares, dejamos de prestarles la atención y buscamos el surtidor de la ballena.

Decidimos fondear y pasar la noche en la bahía de las Sardinas. Aquí se celebró la primera misa en Chile. Pronto será objeto de homenaje en conmemoración. La bahía fue renombrada por los ingleses por Fortescue, nombre con el que aparece en las cartas náuticas, pero a nosotros nos parece más propio llamarla por su nombre original. La conversación discurre por ideas para recuperar nuestra historia y los nombres que los españoles dimos a estas geografías y que fueron “recalificadas”.

Seguimos adelante, y después de analizar la “meteo”, antes de entrar en el “Paso Tortuoso” (el nombre es expresivo y adecuado) decidimos buscar resguardo en alguna cala y así evitar encontrarnos con fuertes vientos en medio de un sendero angosto en el que nuestras posibilidades de maniobra y escape son mínimas. Consultamos con nuestro equipo en tierra que nos responde con varias sugerencias. Contactamos con el Control de Paso Tortuoso y unos y otros nos confirman nuestra decisión inicial. Fondeamos en bahía Tilly (me pregunto si el nombre ha escapado a la “recalificación” y si tendrá que ver con el marquesado español de Tilly, cuyo recuerdo en Cartagena es Casa Tilly, sede del Casino) y ahí esperaremos que pase la depresión antes de seguir adelante.

Una vez fondeados, nos dedicamos a arranchar el barco, organizamos las guardias y disfrutamos, una vez más, de la cena que Alberto, consumado “Master chef”, ha improvisado.

Diego Fernández-Casado.

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